Esta casa tradicional turronera mantiene el
mismo espíritu artesanal de siempre escapando de las
grandes producciones. Su filosofía de trabajo ha estado
siempre marcada por una cuidadosa selección de materias
primas y un minucioso proceso artesanal de fabricación.
Por ello, durante la temporada del turrón, en el pequeño
taller de confitería envuelto por el olor a miel de
romero y almendras tostadas, se respira un ambiente a cocina
casera, igual que el turrón que se elabora, casero
y familiar.
Desde siempre, la ambición de los Rovira
ha sido producir el mejor turrón del mercado, basando
sus principios en la búsqueda y selección de
los mejores ingredientes de cada temporada. Es por ello que
la producción de turrón comienza en el mes de
octubre una vez recolectada la almendra del año, que
es utilizada entera, aunque posteriormente sea triturada.
El proceso de producción ignora la fabricación
por control invirtiendo el tiempo necesario para cada cocida
sin estar previamente establecido. Como dijo Xavier Domingo,
prestigioso crítico gastronómico catalán
sobre el obrador Rovira: "Más que una fábrica
parece una escuela de ballet, todos sus movimientos son acompasados
y rítmicos".