El fundador de este pequeño obrador
fue Primitivo Rovira Soler, quien allá por 1850 abrió
la primera fábrica artesanal de turrones y dulces de
Jijona en la calle del Vall, en la que instaló un molino
de malacate, que era el utillaje rústico que molía
la mezcla y cuya energía era de tracción a sangre.
A principios del siglo XX, concretamente en
el año 1902, su hijo Primitivo Rovira López
construyó un magnífico y espacioso edificio
en la antiguamente denominada Avenida de Alfonso XIII, actualmente
Avenida Constitución, en el centro de la ciudad. Este obrador, que empezó a funcionar a vapor, experimentó
una etapa de crecimiento al sustituir el vapor por la electricidad
como fuente de energía en el año 1905. Prueba
de ello es la gran cantidad de turrón que la acreditada
empresa exportaba en aquel entonces a la República
Argentina.
Desde que Primitivo Rovira Soler hiciera la
primera barra de turrón artesanal hasta la actualidad,
siete generaciones Rovira han seguido haciendo turrón
siguiendo las fórmulas tradicionales utilizadas hace
más de un siglo y medio. Salvo levísimas modificaciones
tecnológicas como la introducción de la electricidad,
la sustitución del carbón por gas o el envasado
al vacío para garantizar una mejor conservación
del producto, la familia Rovira siempre ha intentado ofrecer
unos dulces artesanales que evoquen aquel sabor de antaño.